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Contamos la Historia, los Misterios y las Leyendas de la Maravillosa Ciudad que ostenta los Títulos de "Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla"

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27 de enero de 2013

Certamen novela corta - nº 2 - Castillo de San Jorge por Centaura38


 “Castillo de San Jorge de la Santa Inquisición y Santo Oficio en Triana”
 
Decir Inquisición en aquellos tiempos o Castillo de San Jorge era igual a “temor” y a continuación explicaré el por qué, aunque todos en mayor o menos medida ya sepa a qué me refiero, pero aún así hay cosas o métodos que puede que desconozcamos y que con esta novela lo entendamos quizás un poco mejor o lo intentemos; por lo menos es lo que yo he intentado  y ojalá lo haya conseguido, tras leer la novela.


La palabra Inquisición, viene del latín inquísito, inquisitonis y significa interrogatorio, que era en efecto lo que hacía una institución eclesiástica creada para perseguir herejes, herejías y condenarlos; teniendo previamente un interrogatorio, en el cual le hacían confesar mediante diferentes métodos acompañados de torturas.
Para combatir la herejía la iglesia católica comienza en el año 1.184, y se formó  para detener los abusos que pudiesen darse por parte del poder civil,  estando aprobados por los reyes católicos, considerándolos adecuados, siendo los obispos los que actuaban activamente para extirpar la herejía y juzgar y condenar a los herejes de sus diócesis.
(Hereje que significa: Cristiano en materia  de fe  que se opone con obstinación a lo que cree y propone la Iglesia Católica).
(Herejía: error en materia de fe sostenido con pertinacia).

 La Inquisición Española se diferenciaba de la Inquisición Pontificia en primer lugar porque a los Inquisidores los nombra el rey, no el papa, o sea que pasan a ser funcionarios de estado y responden a las políticas del reino; la segunda diferencia es que en que los procesos no eran apelables en Roma.

La Inquisición también estuvo en parte de Europa como Hungría, Francia e Italia, pero aquí en España fue creada por la Corona de Castilla en el año 1.478 comenzando con el papa Sixto IV, con la finalidad de combatir
Las prácticas judaizantes de los judeoconversos de Sevilla. Era diferente a la Inquisición medieval, dependiendo directamente de la monarquía española de los Reyes Católicos.
La Inquisición en sí era una institución que se creó para abolir a los musulmanes que quedaron en la península y convertirlos al cristianismo, además de acabar con todos los que ellos creían que eran herejes.

 Torquemada haciéndose eco de las protestas de los llamados cristianos viejos o antiguos y aprovechando un acontecimiento fortuito en el que se acusaba a los nuevos cristianos de hacer ceremonias extrañas en la religión del cristianismo y aprovechando un acontecimiento fortuito convence a la reina para que interceda por él y pida a los embajadores de España en Roma la creación de una nueva Inquisición para Castilla y Aragón, siendo el papa Sixto IV quien en el año 1.478 autoriza a los reyes de España a que nombren inquisidores y los adecuen según ellos los conviniesen, llegándose entonces a crear el tribunal de inquisidores compuesto por Miguel de Morillo y Juan de San Martín en el año 1.480 cuando llegan a Sevilla, siendo su primer acto de fe en el siguiente año en el quemadero  de Tablada.
Torquemada fue nombrado Inquisidor Supremo para Castilla, Aragón.

En el año 1.483 la Inquisición se extendió hasta los reinos de la Corona de Aragón, que incluían Sicilia y Cerdeña, llegando en América a México, Lima y Cartagena de Indias, siendo el Inquisidor General Tomás de Torquemada; que era el confesor de la reina Isabel, llegando esta a reinar tras la muerte del rey enrique IV  en el año 1.465  heredando el trono de Castilla y contrayendo matrimonio con Fernando  que era sucesor de la corona de Aragón, por lo que ambas coronas se unieron tras la muerte de Juan II de Aragón.
La institución de la Inquisición a  su vez era como un instrumento  policial interestatal pudiendo actuar entre las  fronteras de Castilla y Aragón.
También estaba la Inquisición romana y portuguesa. Hubieron otras inquisiciones no católicas como la Inquisición Protestante en el año 1.266 y 1.586 pero solo en Francia, la cual hacía juicios a animales.

Pero bueno, la que nos incube a nosotros que es de la que estoy escribiendo y es la que estuvo en Sevilla que fue en los siglos XVI y XVII, dando lugar a terror y a la vez veneración siendo una institución independiente de la Iglesia y respaldada por la Corona para perseguir a los falsos cristianos y herejes.
Empezó a funcionar en el año 1.481, siendo aquí donde se aprobaron las primeras reglas inquisitoriales en el año 1.484, llamándose luego Instrucciones antiguas. El cabildo se opuso a la implantación del Tribunal pero el arzobispo de Sevilla, Pedro González de Mendoza fue el verdadero fundador de la Inquisición moderna y desde entonces Sevilla contó con inquisidores arzobispos-inquisidores. Por ser Sevilla una ciudad con notables minorías judeo-moriscas y tener un tráfico abierto a otras naciones, siendo un lugar idóneo por la presencia de ideologías no católicas en particular la luterana.
Simplificando...diferencias entre una Inquisición y otra, es que la medieval era de la que derivaban todas las demás y fue fundada en 1184 en la zona de Languedoc (sur de Francia) y la Inquisición española fue creada exclusivamente en 1478 por una bula papal con la finalidad de combatir las prácticas judaizantes de los judeoconversos españoles.
 Los tribunales eran formados por dos jueces letrados y un teólogo, tenían el trato de Señoría y debían vestir traje eclesiástico. Había un fiscal acusador y un juez de bienes que tasaba las posesiones confiscadas a los acusados. Los notarios tuvieron un papel importante ya que eran los que escribían todas las preguntas y respuestas hechas a los acusados, incluso cuando habían sido sometidos a torturas.  Las acusaciones eran anónimas y el denunciado no tenía posibilidad de conocer la identidad de su acusador. Ni sabía cuántos les habían denunciado o finalmente ni siquiera porque se le acusaba o condenaba.
Se  les otorgaba un abogado defensor, el cual solo le invitaba a confesar  y  no se le comunicaban los motivos de su detención, ni se les permitía a los familiares visitarlos. El hecho de ser detenido llevaba consigo la confiscación de sus bienes. Y si se llegaba a torturar se suponía que era por el “bien de su alma” para purificarla y quitarle de los pecados cometidos y si negaba dichas acusaciones, se suponía que le faltaba un poco de tormento para limpiar su alma.  En las torturas no había distinción de sexo, pese a estar en aquellos tiempos. Aunque Lo más habitual era que te impusiesen otro tipo de condena, como el sambenito, el destierro, cárcel, galeras, multas, castigos físicos (azotes), confiscaciones de todos los bienes, etc., pero esta dependería si se trata de un delito grave “vehementis” o leve “levi”.  Los ricos solían eludir las condenas mayores mediante sobornos en la mayoría de los casos, como siempre ha pasado y sigue pasando. Con lo cual la Justicia funcionaba casi como siempre... (El que tenía  más dinero podía tener una mejor defensa, en aquel tiempo mediante métodos corruptos y mediante el pago de mejores abogados).
                                                                                                   
El Tribunal del Santo Oficio inició su actuación como sede en el convento de San Pablo de los dominicos, la cual la orden dominica se jugó su prestigio para llevarle ventaja a su rival la Orden Franciscana, convirtiendo su convento en cárceles pasajeras de hombres y mujeres más culpados de la herejía, siendo 6 los que inauguraron el quemadero de tablada; el cual estaba construido en piedra y adornado por estatuas de 4 profetas a donde la muchedumbre iba a contemplar dichos espectáculos de ver como quemaban a los llamados culpables o herejes en su mayoría judeo-conversos procedentes de Portugal . Mientras eran quemados rezaban los jesuitas, siendo un acontecimiento que entretenía al pueblo por su colorido, música y teatralidad.  (Imagino que irían por no existir televisión u otros medios para entretenerse en aquellos tiempos y también por el morbo de ver sufrir y morir a los condenados); cosa incomprensible pero que gustaba al populacho en aquellos tiempos que corrían de crueldad, al menos con respecto a los medios utilizados.
El quemadero de San Diego, estaba en los terrenos de la actual Tablada, que fue utilizado por última vez en 1.781.
Habiendo sido también quemados clérigos y frailes, así como desenterrar los huesos del cementerio  para ser quemados.
                                                                                                                                                                                                   Santa Teresa de Jesús, San Juan de Ávila o Fray Luis de León fueron juzgados, pudieron correr suerte burlando la hoguera, pero sus escritos fueron censurados.
La Inquisición no solo era para los acusados, sino también a sus descendientes los que después podían pasar varios siglos para poder quitar esa mancha del historial familiar y quedar limpio su nombre.

Al igual que Pilatos el papa Sixto IV, aun sabiendo la crueldad que se empleaba con los acusados, siendo muchos injustamente procesados, pasando por duros tormentos, quedándose con todos sus bienes y matado los acusados, decidió lavarse las manos y mirar hacia otro lado o no tomar papel en el asunto, dejando que siguieran haciendo lo que les pareciesen a sus libres albedríos.

Este era el sello de la Santa inquisición en España:                                                   

Después de más de 120 años comienza la Inquisición en Sevilla con Fernando niño de Guevara inquisidor general.
Los conversos eran a su vez también llamados marranos o cristianos nuevos y pasaron de forma masiva a ser creyentes en su mayoría judíos; aunque dichas conversiones no fueron sinceras y las hicieron a la fuerza, antes los acontecimientos de un pueblo enardecido y un calvario que les hacían pasar. Ganaron al convertirse en nuevos cristianos al poder desempeñar oficios que antes no podían realizar, formar parte de actividades antes restringidas para ellos pudiendo vivir ya en otros barrios que no fuesen los obligados y participar en la vida económica, cosa que antes no podían hacer en nada de lo mencionado, con lo cual su nivel de vida era mejorable al no tener ya nada vedado y poder formar parte de la sociedad española o cristiana.
Tales comenzaron a escalar en las diferentes posiciones que había en la corte española, por su capacidad, talento u otros por lo que sobresalían, con lo cual llegaron incluso a aventajar a los cristianos no convertidos o conversos y españoles.

Este era el escudo o emblema de la Inquisición española en aquellos tiempos.
                                                                                                        
 
Aquí en Sevilla la Inquisición se destinó en el llamado Castillo de San Jorge, siendo su origen como voy a comentar a continuación conocido pero siendo sus primeros pobladores los visigodos, los cuales lo erigieron para ser defendida la poca población que había por aquel entonces de los ataques de Leovigildo, pasando luego al año 1.171 por el rey entonces  Abu Yacub Yusuf, que era rey de Sevilla y mandó a construir  el puente de barcas amarrándolo al castillo mediante unas gruesas cadenas. Estando durante siete siglos siendo la única comunicación que existía entre Sevilla y Triana,  la parte del Aljarafe y la sierra norte.
En el año 1.178 es el infante don Sancho el que hace una acometida contra los moros que habían en Sevilla  ataca el castillo de Triana, haciendo junto con el rey San Fernando un cerco en el año 1.247 y en el siguiente en el 1248, el castillo deja de estar entonces ocupado por los moros pasando al poder cristiano. Pero ya luego en el siglo XV se va quedando obsoleto el castillo y sus fortalezas debido al abandono y es ocupado entonces por distintas familias, las cuales mantienen el culto a la iglesia de San Jorge y es entonces ocupado por  el tribunal de la Santa Inquisición en el año 1.481.                                                                
 
En el castillo habían 26 -30 cárceles secretas, catalogadas como antros de horror, hediondez y soledad y estando ocupado por el Tribunal hasta el año 1.626 el cual lo dejaron debido a las fuertes arriadas que dieron lugar a que estuviese bastante deteriorado, con lo cual tuvieron que dejarlo, siendo el duque de Olivares en el año 1.627 el que se encargó de repararlo y evitar el fraude de mercaderías que se hacía en las puertas del castillo. Luego en el año 1.639 cuando ya estuvo reparado volvió a ocuparlo la inquisición hasta el año 1.785 que fue ya su traslado definitivo hasta su marcha por las continuas inundaciones, debidas a las crecidas del río Guadalquivir.
                                                

Aquí podemos ver un plano de lo que era Sevilla antigua en el que se ve como quedaba situado el castillo de San Jorge y el puente de barcas.

Los herejes y acusados, podían ser condenados por acusación, o por denuncia y cuando esto ocurría tenían tres opciones aplicables, que consistían en que se arrepintiesen por miedo a los castigos o métodos empleados o muerte, y los que se arrepintiesen  pasarían a penas de prisión. Todos aquellos que se mantuviesen firmes en sus errores, pasarían ya a sufrir las diferentes clases de torturas para hacerles desistir o automáticamente a la hoguera.
Describiré en qué consistía tras ser emitido el acto de auto de sometimiento al interrogatorio con tortura. La cual una vez apresado el hereje, víctima o reo y conducido al castillo de San Jorge, este a continuación empezaba a pasar por una serie de etapas las cuales a continuación iré contando cuantas eran, como se desarrollaban y en qué consistían.
La tortura se desarrollaba en 5 etapas, siendo la primera la amenaza, la cual consistía en describirle al prisionero la terrible tortura que le esperaba en manos de sus crueles verdugos.
La segunda era la del trayecto y el enseñarle acompañado de una descripción de lo que le irían aplicando. Donde lo llevaban a una tétrica y terrorífica habitación, la cual estaba alumbrada por velas y braseros que tenían un significado cruel. Era una habitación de dolor, la que podía nada más entrar el hereje y contemplarla con todos los instrumentos aplicables para causar dolor, más la apariencia del verdugo que se basaba en tener un capuchón negro en la cabeza con dos pequeños orificios para poder ver a sus víctimas.
La tercera etapa era aún más terrible y cada una de ellas era más fuerte en causar dolor y ya en esta al prisionero se le desnudaba de sus ropas con violencia y se le preparaba, ahora sí, para la tortura. 
En la cuarta, una vez ya desnudo se le mostraba el instrumento que se le aplicaría; dándole tiempo a que se pudiese imaginar el sufrimiento al que sería sometido y la agonía que le esperaría.
Si en esta etapa aun no había confesado o no había dado el nombre de otros pecadores, entonces se pasaba a la siguiente etapa y ultima, oséase a la quinta.
En la quinta y última etapa los instrumentos se salpicaban con agua bendita y se empezaba con la tortura física.
Sirviendo como anécdota (que pocos contaron) el que a una misma persona, no se le podía si había salido con vida volver aplicársele una condena,  o la repetición de cualquier tortura, y si había salido inocente, contaba con la suerte de no poder ser torturado otra vez.
También estaba prohibido por ley de la Iglesia causar la muerte de la víctima mediante la tortura; con lo cual si dicha víctima moría el inquisidor responsable buscaba entonces la absolución de sus pecados mediante un sacerdote; así una vez ya absuelto de sus hechos acometidos, este podía volver a seguir torturando a las víctimas.
 Al inicio del suplicio los Inquisidores disponían que el procesado fuese desnudado salvo sus "vergüenzas" en su presencia. De tal operación se encargaba el mismo Verdugo. Al mismo tiempo les advertían a los Verdugos que "no ocasionasen el mutilamiento de los miembros ni la efusión de sangre.
Dentro de la habitación en la que se aplicaba la tortura estaban los cleros de la Iglesia Católica Romana, un médico y quienes observaban atentamente cuales eran los métodos aplicados que más causaban dolor en las personas y anotándolos con detalles del procedimiento empleado y el efecto que causaba en el.
Si era una falta leve se le imponía entonces el “sambenito” que era una capa o escapulario, que la Santa Inquisición imponía a los condenados para que llevaran su falta visible.
 El origen de esa prenda digamos aun siendo de castigo, se remonta a las ropas que desde hace mucho tiempo se usaban en la Iglesia como método de penitencia, conocidas como “sacos benditos”.
                                            


Juzgándolos, como podemos ver con los “Sambenitos”.
                                 

Dichos herejes podían dar gracias a Dios por no haber conocido cualquier método de tortura o haber acabado en la hoguera.
Solía ser una especie de saco de color amarillo acompañado de un sombrero alto de papel prensado de forma cónica con lo cual con dicha vestimenta no pasaba, por supuesto inadvertido ante la vista de nadie y podía llevarlo como imposición o condena durante uno o dos años.
De ahí la expresión "colgar con un sambenito" o "cargar con el sambenito", siendo dicha expresión desde entonces de donde procede su origen. Dichos condenados eran obligados a marchar por la ciudad descalzos, vistiendo el sambenito y con un gran cirio encendido en la mano.
Se ponía también publicado en las iglesias a la cual perteneciesen, un letrero donde ponía los nombres y castigos otorgados o asignados a cada uno de ellos.
La reinserción era casi imposible para el condenado y su familia ya que era una mancha en aquellos tiempos difícil aun con el transcurso de los años de olvidar.

Todos ellos métodos para causar horror, tortura, sufrimientos y todos espeluznantes en sí.
En esencia el tormento se basaba en el principio de producir dolores agudos sin causar heridas ni daño corporal de consideración, aunque en la práctica el resultado no siempre era éste.  
Se calcula que habían sobre unas cincuenta y dos tipos de torturas o más desde las más endebles o que causaban menos daños, hasta las más sublimes y espantosas, además de fuertes que se le podían aplicar a un ser humano y que las pudiese soportar; dicho si queda, que cualquier lector que sea muy sensible ante semejante lectura, vista de las fotos y descripción, puede causarle repugnancia, asco e indignación, pero es un hecho por desgracia real que sucedió en nuestra historia.
Cabe también decir que en ocasiones los culpables aparte de herejes, algunos eran acusados ante la Santa Inquisición por simplemente “no ser un amor correspondido o que se había encaprichado de alguna doncella“, “sospechar o creer haber visto a una vecina cometiendo brujería“, (cuando a lo mejor solo recogía flores como medicina natural ); que era muy normal en aquella época, “por tener mal o no haber feeling con esa persona“, “envidia” etc., con lo cual ya se investigaba y había un tanto por ciento alto de que le encontrasen cualquier cosa para culparlo y condenarlo si no pudiendo llevarse un mero castigo sino de los más fuertes, o al menos si a unos azotes con el látigo mínimos, para que así se pudiese llevar un recuerdo, ya dependiendo del comportamiento del acusado o de cómo le pareciesen a los que se encargaban de culparlo y condenarlo...con lo cual la suerte en ese caso o destino, tenía que correr de su parte por el bien que le convenía.
Siempre se dirigían a donde se sospechaba que había un foco de herejía para erradicarlo. Las autoridades locales estaban obligadas a brindarles apoyo y si no lo hacían les daban la excomunión y pasaban a ser acusados de herejes.  En la iglesia del acusado se leía un edicto de gracia con detalles de cuales habían sido las faltas cometidas o errores contra la fe, dándoseles un plazo de arrepentimiento para ello. Y se instaba a todos aquellos que pudiesen conocer algún hereje a que lo delatasen. Casi siempre el plazo solía ser más o menos de un mes.
Todos aquellos que confesasen voluntariamente, pasaban a ser sentenciados pero con penas que eran religiosas y consistían en oraciones diarias, ayunos, peregrinaciones o multas y si habían pruebas que ellos considerasen suficientes, ya pasaban a el tormento aplicable, que según ellos viesen adecuado, siendo diferentes métodos, como ya explicaré luego.
A todos aquellos que confesasen “libremente”, se les condenaban a varios años de prisión o bien a las galeras y se les confiscaban todos sus bienes, más llevar vestimentas que denotaran su condición de haber sido arrepentido de sus errores.
El auto de fe consistía en que si habían suficientes sentencias y ellos consideraban que habían herejías, ya estaban entonces conjuradas o echas. Todo ello comenzaba a primeras horas en la mañana, durando todo un día entero, llevándose a los reos a la casa del inquisidor.

Sus objetivos eran eliminar por completo la herejía de todos los reinos cristianos. Todas las sentencias eran apelables ante la Santa Sede pudiendo ser absueltos por dinero, tener una buena posición social o mediante un favor importante que alguien hubiese intercedido por ellos ante los ojos de la Iglesia.
En aquellos tiempos España era un pueblo que estaba enardecido bajo presión y excitado por sacerdotes fanáticos  religiosos.

Para las consideradas o calificadas de faltas leves habían diferentes tipos de collares impuestos durante cierto tiempo considerados como falta leves, estaban: 
Para jugadores de cartas: se hacía llevar puestos estos collares, muy pesados, que humillaban y a la vez acusaban al individuo del tipo de juego.

                       

Para los jugadores de dados: igual que los anteriores. Para hacerse una idea, estos dados tienen unas dimensiones de unos 10x10x10 cm.

                       

Y ya por ultimo para los vagos y renitentes a misa (personas que se resistían a ir a misa): pesados collares que cumplían la misma función que los collares de los jugadores, humillar y culpar. Cada una de las cuentas de ese enorme rosario tiene el tamaño de una naranja, para hacerse idea.

                          

(De los cuales este último creo que sería aplicable a más de uno, incluyéndome yo misma).
También estaba considerada como delito además de esas la blasfemia de afirmaciones injuriosas contra Dios, la Virgen o los Santos o cualquier cosa considerada sagrada.  Pudiendo acabar en pena de muerte incluso, y si era contra los Santos o la Virgen se le decretaba la mutilación de la lengua, por consiguiente para que ya nunca más pudiese blasfemar en contra de ellos o por haberlo hecho, y si corrían suerte quizás unos azotes o sino ya la conducción a galeras, prisión, destierro pasando previamente por la prisión y una vez allí los jueces eran los encargados de aplicarles la respectiva sanción.
Todo aquel que se autodenuncia o retractase no era detenido y esas eran consideradas como sanciones más benignas. Cuando la blasfemia era considerada grave aun siendo en los casos mencionados como benignos estos debían de salir con una vela en la mano, soga al cuello y mordaza en la boca, siendo luego aplicado cien azotes o el destierro inclusive, pero siempre y cuando el blasfemo acudiese a misas en calidad de penitente llevando un cirio en la mano en lo que eran las consideradas leves se podían suavizar.

Otro era la bigamia y consistía en contraer matrimonio estando aun casado, pero se probaba antes de que fuese así y entonces se les imponían penas de lo anterior descrito de los blasfemos.

Si se tenían supersticiones,  la cual significaba creencia extraña en la fe religiosa y con lo cual era contraria a la razón, los cuales incluían los métodos adivinatorios, los magos,  adivinos que utilizasen cualquier medio para ello, eran consideradas como opuestas a las verdaderas creencias; con lo cual ipso facto  eran considerados herejes. Aplicándoseles igualmente cien azotes, vergüenza pública y lo mismo que los blasfemos y bígamos.
Dentro de las supersticiones estaban por supuesto incluidas como no la brujería, siendo consideradas mayoritariamente por mujeres, siendo estas acusadas de suscitar calamidades, invocar a los muertos o resolver cualquier otro tipo de problemas o por el motivo que fuese que le acudiesen. Esta era considerada como una verdadera amenaza al seno de la comunidad, estando en aquellos tiempo lo mismo que otras partes del mundo muy arraigadas las creencias en la magia en la vida social; con lo cual para una persona normal lo que no podían a veces ellos resolver acudían a ellas para ver si así tenían solución como en el caso de alguna enfermedad, el que le adivinasen, protegerse de ataques que según ellos les habían hecho, etc. Siendo por un lado como benefactora o malhechora el temor levantado entre los vecinos.

El mantener relaciones sexuales entre miembros del mismo sexo era considerado como “contra natura”, ya que era un delito abominable o inconfesable, al igual que si practicasen sexo con animales, ya que no era para la reproducción de la especie, siendo la mayor parte de los acusado en esta vez hombres.
Estos eran considerados como delitos graves e incluso antes de la llegada del Santo Oficio las autoridades civiles actuaban en su contra con mucho rigor. A estos la pena aplicada en algunas partes era la de quemarlos vivos y en España la castración pública.

Había una diferencia al ser juzgado siendo esta que en los reinos de Aragón eran estos juzgados por los tribunales de la Inquisición y en los de Castilla o Indias y demás dominios de hispanos por la competencia de los tribunales civiles, siendo en Aragón también  podido ser juzgados por este último.
Los religiosos también eran castigados siempre y cuando por ejemplo en confesión estos con actos de provocación, excitación o seducción hiciesen actos impuros como eran a los penitentes, ya que en aquellos tiempos las mujeres revelaban hasta las más íntimas confecciones y algunos confesores pretendían beneficiarse para obtener algunos favores.  Si se les encontraba alguna falta como esas entonces el castigo consistía en la sanción por parte del Tribunal entre sus compañeros confesores, debiendo estos abjurar y ser privados de confesar a mujeres perpetuamente durante un período transcurrido además de no poder administrar sacramentos y se les sentenciaban a  prisión, destierro, disciplinas, oraciones, ayunas etc. Y ya cuando si se celebraba alguna misa sin estar autorizado para ello o si no era un sacerdote debidamente ordenado en ese caso se les azotaban y desterraban, pudiéndose igualmente enviar a galeras por un tiempo determinado. Si cometían falta de casarse y contraer matrimonio no pudiendo como hasta en estos tiempos corrían la misma suerte.
Todo aquel que impidiese sus acciones aunque fuese clérigo, era considerado como que iba en contra del Santo Oficio, con lo cual era claro está, considerado un delito; siendo consideradas: la ocultación de fugitivos, los que amenazaban a los testigos etc. Todo aquel feligrés que cometiese un falso testimonio contra el Tribunal considerado como declarar falsamente por cualquier causa, este era considerado en el acto como hereje; con lo cual se le aplicaban la pena del talión.

Y ya cuando se pasaba a enseñarles la llamada Sala del tormento, esta era así:

                                                                              

A continuación expongo los diversos métodos que empleaban para hacer confesar a los condenados una vez que pasaban a la “sala de tormentos” y  nunca mejor dicho, ya que estos instrumentos o piezas creadas habían sido creados con una imaginación maléfica y de mente retorcida, ya que estaban diseñados para causar al prisionero el máximo dolor posible, siendo los mismos inquisidores los que  intercambiaban sus fórmulas o técnicas de tormentos para poder seguir teniendo el repertorio actualizado en causar dolor.
La dinámica de estos procesos aunque parezca que no estaban muy reglamentados, si lo estaban iniciándose con el procedimiento del Cordel o Tormento de Mancuerda y si no resultaba efecto ya se iban empleando otros métodos que ellos creyesen oportunos dentro del gran repertorio que tenían y según viesen o ellos quisiesen emplear con esa persona, desvalida y sola.
Un edicto inquisitorial de un hereje que se sentenció o condenó.
                                                                                                                                                           

 El inquisidor con dichos métodos hacía a cualquier confeso o culpable aunque no lo fuese confesar lo que le dijesen o culpasen, ya que tenían  métodos  de los más variados para poder hacerlos

-El Tormento de Vueltas de Mancuerda (o Cordel), consistía en que se ponía al reo al igual que en el potro con grilletes y cuerdas para inmovilizarlo y estas se arrollaban como torniquetes fuertes independientes en la parte del cuerpo que se le fuese poniendo, sobre la cual en cada una de ellas iba ejerciendo presión el verdugo según el creyese conveniente, siendo este el primer termino de castigo aplicado al confeso o culpable.
Se solía empezar poniéndosele un torniquete en el brazo y si el reo "no colaboraba" o confesaba ya se le iban a añadiendo más torniquetes en otras partes del cuerpo y sino ya pasaban a aplicarle el potro que era muy parecido, sino que este provocaba dislocaciones en hombros y muñecas, dependiendo de si el verdugo lo había hecho bien y con cuidado y no se había pasado al aplicarlo.

                       
 
Ya empezando con los castigos, citaré a continuación algunos de los muchos que empleaban.

-Potro o grilletes: anteriormente descrito.

                            

 Después ya iban los otros tormentos aplicables, dependiendo del cual quisiesen ponerle o causarle sufrimiento para según qué grado de culpabilidad le hubiesen otorgado al reo, hereje, víctima  o confeso.


 ▪ La dama de hierro: consistía en una especie de contenedor humano o ataúd, con una serie de grabados y relieves que lo adornaban, estando equipado por dentro de clavos, los cuales encajaban en las víctimas al ser cerrado; siendo este unos de los más utilizados también llamado 
 "Dama de Hierro de Núremberg o Virgen de hierro", y era un método para no morir en el acto, sino causar dolor al penetrar los clavos en el cuerpo y que estuviese padeciendo la persona a la cual se le aplicaba durante horas. Los clavos estaban dispuestos para llegar a penetrar en partes o puntos estratégicos, los cuales a su vez eran desmontables con lo que se podían cambiar por fuera de lugar y así llevar a una serie de mutilaciones que acababan dando lugar a la muerte dependiendo de las heridas, pero eso sí, siempre lenta y agoniosa.
                                                              
                              
 ▪ La cigüeña: La cigüeña es un instrumento para mantener a la víctima restringida de movimiento, sujetándolo por cuello, manos y tobillos, dejándolo inmovilizado con lo que provocaba violentos y dolorosos calambres en poco tiempo, primero en los músculos abdominales y del recto, y después en los pectorales, cervicales y los de brazos y piernas. Con el paso de las horas se combinaban todos los calambres para producir una continua agonía.

                                      

 -El péndulo:
Solía ser la antesala de posteriores torturas. Su función consistía básicamente en la dislocación de los hombros doblando los brazos hacia atrás y después hacia arriba. La víctima atada de manos en la espalda era izada por las mismas. Para provocar un mayor sufrimiento se le colocaban en los pies unas pesas.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       -Método del agua:
El método del agua, en el que a la víctima se le obligaba a ingerir la mayor cantidad de agua posible, ayudándose el torturador, de un embudo que se le coloca en la boca. En estas sesiones se les hacía tragar aproximadamente unos diez litros, provocando una terrible sensación de ahogo, produciéndose en la mayoría de las ocasiones la explosión del estómago.                                                                            
                                          
                                         
 La pera:
 Era un instrumento con forma de pera que una vez introducido en boca, vagina o ano, comenzaba a abrirse gracias a un mecanismo giratorio. Además en sus puntas gozaba de unos pinchos o púas que desgarraban la tráquea, útero o el recto, dependiendo por la zona en la que fuera introducido.
 La modalidad oral de este invento, era aplicada a las personas que habían obrado mal de palabra, es decir, herejes, ortodoxos...; la anal, como no, a los homosexuales; y por supuesto la vaginal a las brujas que habían mantenido relaciones sexuales con el diablo, prostitutas, adulteras o mujeres que habían mantenido relaciones incestuosas.
                                                                                                                                                                      
                                                      

-La cuna de Judas:
 En este procedimiento la víctima es izada de la manera que se puede ver en la ilustración adjunta y descendida sobre la punta de la pirámide; de tal forma que su peso reposa sobre el punto situado en el ano, en la vagina, bajo el escroto o bajo el coxis. El verdugo, según las indicaciones de los interrogados, puede variar la presión desde nada hasta todo el peso del cuerpo. Se puede sacudir a la víctima o hacerla caer repetidas veces sobre la punta.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    -El arañado o uñas de gato en el hombre:
El arañado era la versión femenina de la uña de gato. La araña era un trozo de hierro, en rodillo, con filo en forma de tenedor y se lo colocaba en los pechos. Nuevamente, ésta era una tortura muy exclusiva para las mujeres. Se empleaba como un rastrillo.

                                                       

-El taburete de sumersión:
 Las brujas eran sentadas en taburetes y atadas con correas, que colgaban de un extremo para que se balancearan y tambalearan. La víctima era sumergida en un río o charco. No solo que las temperaturas heladas podía matarlas, sino que se las sumergía y se las levantaba por lapsos de cinco minutos o más. El "taburete del pato" fue utilizado en América para las brujas, y en Gran Bretaña para castigar a pequeños criminales y prostitutas y aquí en Sevilla se hacía en el río Guadalquivir por la proximidad al Castillo.


-  La tortuga:
 -La tortuga era un método el cual consistía en triturar a una persona poniéndola bajo una madera con peso encima, (a la cual por eso se le llamaba tortuga), siendo un método procedente y bastante empleado  por los ingleses. Las había como la de la foto la cual es del siglo XVI y es en versión balanza, que consistía en tener un tronco puesto en la espalda de la victima para que la columna vertebral y todo el espinazo se quebrara bajo dicho peso. Siendo un método por tanto, de origen protestante. 

                                                       -El sillón de púas:
 Púas agudas en el asiento, el espaldar, los brazos y los descansos para piernas y pies penetraban la carne del acusado. Correas fueron utilizadas para sujetar al reo en el sillón y apretar su cuerpo contra las púas.
Era un asiento de hierro el cual podía ser calentado, siendo usado además de en España en Italia y hasta finales del siglo XVIII y en Francia, Alemania y otros países del centro de Europa hasta finales del siglo XVIV.

                                       

-La rueda:
Era utilizada para estirar el cuerpo de la víctima y los verdugos procediendo a romper los huesos de estas.
Solían hacerlo de forma de que mientras un verdugo estiraba el cuerpo de la víctima, otro mientras hacía una hoguera pequeña en un recipiente y  las llamas que salían se le ponían debajo de los pies, causando doble dolor.

                                           
-La olla:
Solía tener forma de olla, aunque a veces también la tenía de sartén, de caldero e incluso de cuna. En ella se colocaba aceite, grasa, cera, agua o cualquier otro elemento que pudiese llegar a hervir con el fin de meter dentro a una persona y que sufriera en sus carnes el hervor de lo que este estuviese hirviendo, causando un máximo dolor a menudo que iba calentándose el agua en dicho recipiente.
 
                                   
-El toro de Falaris:
Le viene el nombre de Falaris por un tirano de Agrakas, que murió en el año 554 a.C.  Y fue empleado en numerosas salas de torturas por la Santa Inquisición en los siglos XVI, XVII y XVIII.
Consistía en que se metía a la víctima dentro de la efigie de un toro metálico  y se quemaban a los herejes dentro del poniéndoles debajo una hoguera, así conforme se iba calentando, se iban produciendo los gritos y alaridos de dolor que  salían por la boca de la figura del toro.

                                   

-La bota de hierro o borceguí:
Dichas botas era un instrumento era un dispositivo que se empleaba aplicándose desde los tobillos hasta las rodillas y el verdugo con un martillo iba golpeando las cuñas hacia adentro de tal manera que el espacio entre el aparato y las piernas iba achicándose hasta que iba entrando en las piernas desgarrándolas y atravesándolas, provocando el estallido de los huesos y la salida de la medula  por las incisiones.

                                 
-La horquilla:
Era un instrumento como su nombre indica como una horquilla y una correa de sujeción para el cuello, el cual tenía cuatro puntas afiladísimas, las cuales se clavaban en la carne y se situaba debajo de la barbilla y sobre el esternón con lo que impedía cualquier movimiento de la cabeza aunque si permitía a la víctima que dijese una palabra obligado que era “abiuro” latín y que significaba retractarse, el cual emitía dicha palabra con voz casi apagada,  ya más bien siendo un murmullo y si no lo hacía pues el hereje era considerado impenitente con lo que se le vestía con un traje característico para quemarlo en la hoguera, dándosele antes la extremaunción y cuando el inquisidor era romano se le quemaba igual o ahorcaba pero sin el traje, pero si igual por el rito cristiano.

                                 

 -El empalamiento: Una enorme estaca perforaba y atravesaba tu cuerpo de un extremo al otro, se solía perforar al sentenciado por el ano hasta que la estaca salía por la boca. Normalmente en este proceso se solía morir pero se daban casos en los que se sobrevivía al sufrimiento durante casi un día. El empalamiento siempre se realizaba en público y solía dejar el cadáver a la intemperie para alimentar a los animales carroñeros y servir como escarmiento para el resto de la población. Se usaban también sin estar afilados, con lo cual la persona duraba así más tiempo viva, en una agonía que podía durar como tres días, haciendo así una especie de tapón para ello.

                                              

Como podemos comprobar, todos o la mayoría de los métodos espeluznantes, estaban pensados para causar el máximo de sufrimiento y que durase la persona padeciendo lo más posible aún en ese estado, estando viva y a ser posible consciente.
 Hasta finales del siglo XVIII, en los paisajes urbanos de Europa no era extraño encontrar abundantes jaulas de hierro y madera adosados al exterior de los edificios municipales, palacios ducales o de justicia, catedrales, murallas de las ciudades o en altos postes cerca de los cruces de caminos. Consistía en que
Y ya con este que es  Descuartizado por Caballos, acabo con los distintos métodos o formas empleados de los muchos que había, por no extenderme  más y cansar a quien lo esté leyendo.
Una versión del potro un tanto macabra, se ataba una cuerda a cada extremidad del prisionero y a su vez el otro extremo de la cuerda a un caballo, de este modo un caballo estiraría un brazo o una pierna, en un momento determinado se fustigaba a los cuatro caballos que tiraban con fuerza de la cuerda arrancando literalmente la extremidad del torturado.
Esta era una ejecución pública que se solía emplear para asesinatos o intentos de asesinato a la realeza u otros nobles. Era una de las ejecuciones preferidas del populacho.

          


Ya dejando atrás los castigos o métodos empleados por los inquisidores,  y habiendo ya expuestos algunos ejemplos de ellos, nos encontramos con el Callejón de la Inquisición que también formaba parte como veremos del Castillo de San Jorge y que se encuentra cerca del Puente de Triana  y es un pasaje estrecho que comunica la calle Castilla con el Paseo de la O.  Por este callejón era por donde entraban los condenados que eran cruzados en barca desde Sevilla camino del Castillo de San Jorge.

                              

Cuentan que hoy todavía, en el llamado callejón de la Inquisición, se pueden escuchar, al amparo de las oscuridad y el silencio de la noche, el arrastrar de cadenas y los lamentos de los allí torturados.
 Es una reminiscencia que nos lleva por la ruta de la historia de la Sevilla milenaria. Es un pasaje estrecho, angosto y corto que se abre camino en la calle Castilla, comunicando a esta con el río Guadalquivir.
Se llama así porque formaba parte del Castillo de San Jorge.

                               

Dentro del había inundaciones de las crecidas del río y se dice que lo utilizaban para a algunos herejes darles condenas amarrándolos en unas argollas que había a cada lado de ambas paredes, de forma que cuando subía el río e inundaba el callejón estos, morían ahogados; siendo así una forma más de dar suplicio a las víctimas.
Es un pasaje estrecho con unos 35 metros de longitud y un trazado rectilíneo, que comunica el paseo de Nuestra Señora de la O junto al río Guadalquivir con la calle Castilla en su confluencia con la calle Callao.
Debe su denominación al encontrarse junto al castillo de San Jorge, que fuera en otro tiempo la sede del Santo Oficio, cárcel de herejes y tribunal de la Inquisición. Los reos que eran conducidos por este recorrido iban o bien a la cárcel para ser juzgados o bien a la hoguera de ser condenados. Durante siglo y medio fue el único resto del castillo, hasta que en 1992 con motivo de la demolición y posterior rehabilitación del mercado de Triana aflorasen los muros de la antigua fortificación.
En su salida a Castilla se abre con un muro, a modo de arco o puerta que dispone de cancela (la cual se cierra a la noche) y que se remata con tres pináculos cerámicos. El suelo del callejón es de canchos y va descendiéndose en la altura que lleva al río por pequeños tramos de escalera. Termina en un arco que da al paseo, construido al igual que el final de la calle en ladrillo visto.

Y ya pasamos al Castillo de San Jorge hoy en día convertido en museo para la “tolerancia” y como marco para la “reflexión” y recordatorio de las injusticias cometidas por la llamada “Santa inquisición”.

 Era una sólida fortaleza formada por una muralla, un foso y una barbacana. A principios del siglo XIX
Se llevó a cabo la demolición del castillo. 
El castillo, con 1.400 metros cuadrados de exposición divididas en dos plantas, cuenta con seis partes diferenciadas donde se pueden encontrar, entre otras, una sala sensorial, una pasarela interpretativa, Yuna galería de personajes.
El castillo de  San Jorge era una cárcel malsana, húmeda y calurosa dirigida por un alcalde. Un edificio laberíntico con pasillos secretos de mazmorras. Como testigo mudo de aquéllas injustas sentencias, los muros del castillo conservan un fresco pintado por Lucas Valdés en el que se representa un auto de fe y un hereje conducido a la hoguera.

    

Se encuentran sus restos debajo del mercado de Triana, desde el cual se pueden ver los restos de sus murallas y una maqueta que expone como era en aquellos tiempos. Y al lado justo del mercado de abastos el museo del Castillo de San Jorge. Es de acceso gratuito y con visitas guiadas. Se puede visitar el mercado y bajar a ver las cárceles de la Inquisición. Dentro hay la sala sensorial, como su nombre indica, persigue hacernos sentir, así el visitante se sentirá juzgado y notará el abuso de poder o el tratamiento que se daba a las víctimas. Dentro del hay distintas salas para intentar provocar empatía con lo que fue en sí y las humillaciones y demás que les hicieron. La exposición intenta adentrarnos echando atrás el reloj del tiempo  en un tiempo pasado, lográndolo por unos minutos al ver los vídeos, los restos arqueológicos, la recreación sensorial, etc. que podemos encontrar dentro del. Impresiona adentrarse en los pasillos subterráneos donde estaban las cárceles después de 10 siglos de historia y pasar por donde estuvieron dichas víctimas, sabiéndose donde se oirían voces de lamentos pidiendo socorro y sin llegar nunca a ser atendidos ni escuchados. En resumen se vive en la propia piel de uno el ser juzgado, humillado y condenado.



Maqueta de lo que era todo el Castillo de San Jorge o también llamado Castillo de la Santa Inquisición.



El cual permite visitar los restos arqueológicos al mismo tiempo que una exposición permanente, donde se narra lo que era en sí el Castillo,  con material gráfico y audiovisual,  el cual pretende recrear lo acontecido en aquellos tiempos, convirtiéndolo en una visita curiosa y poco conocida, pudiéndose ver en un recorrido lo que eran las habitaciones, pasillos, murallas.



Y la suerte vivida de algunos personajes como Marcela, cuya historia de esta doncella nos cuenta que era una  joven viuda acaudalada, hija de un médico de la corte y tenía habilidades con hierbas medicinales cuyos conocimientos le venían heredados de su padre. También le gustaba estudiar las formas que dibujan las estrellas en el firmamento y que un día fue encerrada en una mazmorra de la Inquisición denunciada por un hombre despechado y enamorado al cual ella no sucumbía a sus encantos o detalles que les hacía. En su viudez se refugió en sus versos y dibujos en los que plasmaba sus conocimientos. Marcela estaba de buen ver, a lo que sumada su buena situación económica, hacía despertar el interés de muchos varones que la cortejaron y a los que rechazó uno tras otro.
Pero fue objeto de una falsa acusación que le hizo dar con sus huesos en las mazmorras de este castillo, sin darle explicación alguna.
Marcela, desconocía la causa de sus acusaciones, que no les fueron reveladas en dos interrogatorios a los que fue sometida. Marcela no comprendía las acusaciones. 
Terminan por acusarla de  preparar brebajes, de invocar al diablo con sus dibujos y poesías, de provocar una epidemia, invocar a los astros, de gentil y adúltera. Tras varios años de cautiverio, es condenada a la hoguera, con lo cual  la bella Marcela murió en auto de fe, víctima de un fatídico cruce de perjuros y conjuros.


Finalmente el narrador, que era uno de sus pretendientes, dice que Marcela era bella hasta en la hoguera, y que nunca se perdonaría haberla acusado falsamente. Ella nos cuenta su dramática historia, la cual nos transmite el desamparo que podía sentir cualquier víctima de la maldad humana a través de la descripción de las diferentes fases dentro de un proceso inquisitorial. Juzgada, torturada, condenada y quemada en la hoguera, su triste destino queda plasmado en imágenes y sonidos llenos de emoción y tensión en los que Marcela avanza hacia su fatídico final.

Dejo ya por finalizada esta novela corta en la cual quise exponer bien o mal la historia del Castillo de San Jorge ubicado en Triana y lo que significo para Sevilla y España en aquellos tiempos hasta ahora en pleno siglo XXI.

Vistas desde el exterior y desde el puente de Triana.  Es la fachada principal del Castillo hoy convertido en Museo. Dicho queda decir que ni las cárceles más llamativas ni la sala de torturas, ni tan siquiera ninguno de los instrumentos que en el mismo se pudieran usar se ven en el museo.

                             

 Las paredes son las mismas que amortiguaban los gritos de los torturados. 

Varios atriles informan de la vida cotidiana en la casa del portero, las cuadras, las casas del nuncio y el notario. Se reproducen con hologramas y  como la representación de un proceso inquisitorial. El muro de las antiguas prisiones, y más paneles que explican las calles interiores del Castillo, que se conservan en perfecto estado, o las dependencias de la casa del inquisidor, única estancia conservada íntegramente, así como las cocinas, las cuadras y el patio central.  El Castillo no sólo era una cárcel, si no que gozaba de una infraestructura tal como para albergar a las familias de toda la infraestructura legal de la Inquisición.  Al menos contaba con unos cuantos inquisidores, un fiscal, un juez de bienes confiscados, varios secretarios, un alguacil, un abogado del fisco, algún que otro escribano y/o contable, un nuncio, un portero, varios capellanes, varios teólogos, varios consultores, un médico, por supuesto no para los presos, servidores y esclavos. Toda una mini ciudad, sin contar que creo que me dejo algunas figuras atrás.

Si visitamos el museo, lo que nos pretende transmitir es las injusticias de dicha época y hacernos ver que no tuvieron lo que son el juicio de valor, el abuso de poder y la indefensión de las víctimas.
 Podemos oír el ruido de cadenas y golpes en la pared. Detrás de este muro se encontraban las cárceles "bajas" de la muralla oeste, junto a la actual calle San Jorge. Eran pequeñas y oscuras, aunque disponían de un pequeño jardincillo y eran llamadas "secretas", destruyéndose con la construcción del mercado en el año 1.820, habiéndose también doce cárceles "altas" en las torres que eran ocho, (cosa que yo hasta ahora desconocía y creo que más de un lector también) y estando las bajas adosadas a las murallas y en las altas donde se encontraba la llamada "cámara del tormento", en la torre de San Jerónimo, que daba a la actual Plaza del Callao.  La Galería de personajes está ubicada en el lugar donde antes estuvieron las cárceles, allí un gran panel rinde homenaje a catorce de los personajes más representativos de la Inquisición.

Es un lugar resumiendo, donde todos los visitantes se pueden convertir en protagonistas y para que piensen en lo allí ocurrido de los hechos acontecidos.

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